Mauricio Strugo

Lic. en Psicología - Sexólogo Clínico - Especialista en Parejas y familias

El mejor regalo para el día del Niño

 

Rompernos la cabeza y usar dinero que no se tiene, para comprar ese regalo que muchas veces compensa nuestra culpa, por no estar todo el tiempo que quisiéramos, por trabajar o porque cuando disponemos de tiempo, estamos invadidos por nervios, estrés o impaciencia para brindar a nuestros hijos tiempo de calidad.

Todo es entendible y al escribir no lo hago como un ejemplo sino incluyéndome en esta dificultad producida porque muchas veces perdemos el foco en la locura cotidiana.

¿Qué necesitan los niños? Lo primero que me sale es, presencia y esta cuando es fuerte se puede sostener estando lejos, incluso si así fueran las circunstancias, a kilómetros de distancia; nuestros hijos sienten ese sostén porque fue constituido desde que son chicos y saben que, en algún momento, sobre todo en la actualidad, con tantas posibilidades para comunicarse, sus personas de más confianza y con quiénes siente más apego darán señales y entonces ese niño sumará unos puntitos más a su autoestima, que a esta altura, siendo grandes, ya todos sabemos que depende y mucho de ese sostén y luego acompañamiento de nuestros padres para que salgamos a la vida, sintiéndonos celebrados e importantes para quiénes más nos importan, con arengas que nos bañen de confianza para en un futuro no estar buscando mamitas o papitos en cada rincón de nuestras vidas, fracasando en nuestros vínculos y echando la culpa a todo aquel que sea parte de nuestras vidas porque no pueden con tanta necesidad de nuestra parte.

Los hijos nos miran un tiempo, hasta una determinada edad nos piden abrazos, besos y que lo cobijemos, luego llega un momento que ya no quieren y mucho menos quieren si nunca los hubo, y para variar esos hijos a los que le falto contacto, luego se llenan de resentimiento teniendo serías dificultades para expresarse y se polarizan volviéndose en el caso de las mujeres, sumamente sumisas e incapaces de expresar sus deseos y en el caso de los hombres, machistas recalcitrantes que no solo no pueden permitirse ser cariñosos, sino también que se vuelven sometedores de todo aquel que lo elija o lo herede.

Nuestros hijos, no importa si seguimos en pareja o no, necesitan que seamos sus “padres” y aunque parezca obvio, eso significa mucho más responsabilidad que cualquier trabajo que desempeñemos, porque podemos dañar seriamente a una persona por nuestra ausencia y por el contrario, podemos poblar el mundo de personas hermosas, por haber aprendido la lección sobre la falta de contacto con la que muchos fuimos criados, con el pretexto de hacernos “hombres” o que no quedaba bien que fueran “tan” cariñosos y demostrativos con sus hijas.

Regalemos a nuestros hijos el mejor regalo, que sienten que todos los días son los días del niño, sin que ello signifique que tengamos que consentirlos todo el tiempo y que no podamos tener nuestra vida en la que desarrollar otros roles, pero que quede bien claro que son las personas más importantes de nuestras vidas y que aunque nos equivoquemos vamos a hacer todo lo mejor que podamos para que sientan esa energía y unión que cuesta explicar con palabras, pero que sin dudas nuestros hijos sienten cuando no estamos, incluso cuando esa ausencia tiene que ver con nuestra llama que en algún momento naturalmente se apaga,  y aunque duela, cuando fuimos sostén, presencia y acompañamiento puede  ser sentida como una bendición a cada paso, dando confianza y aliento desde donde sea que se esté.

Mauricio J. Strugo

Mauricio J. Strugo