Mauricio Strugo

Lic. en Psicología - Sexólogo Clínico - Especialista en Parejas y familias

Lloran Nuestros Hijos,

Lloramos Nosostros

 

No hay nada que nos angustie mas que el llanto de un niño, nos ponemos nerviosos y solemos desesperarnos cuando este es prolongado o al menos más largo de lo que esperamos como adultos.
La primera sensación con la que solemos asociar el llanto es la del dolor y desde ahí como no vamos a tener sentimientos negativos, está claro que si nuestro hijo esta sufriendo alguna dolencia su llanto va a calar profundo en nosotros.
Todos tenemos en claro que cuando un niño nace su manera de comunicarse es a través del llanto; su lenguaje para pedirnos algo o expresarse es llorando y al principio sobre todo, desorientados, aturdidos y extranjeros en este lado ¿Qué pretendemos que hagan con lo que sienten? Pasen y vean lo retorcidos que somos los adultos que pese a haber pasado por esa experiencia de traspaso del vientre de nuestras madres a este mundo desconocido y seguramente haber llorado desconsoladamente al menos un rato por ello, nos olvidamos de todo y nos desesperamos por creer que lo normal es no llorar y estar tranquilos.
¿De estar en un lugar perfecto donde no había que hacer esfuerzos, al mundo donde todo lo tengo que pedir y encima no me entienden? ¿Encontrarme con sensaciones nuevas como el hambre, el sueño, los dolores y no poder expresarlas sino mis padres la van a pasar mal?
En muchos casos, quizás la mayoría al principio tenemos mayor disponibilidad para aguantar y entender el llanto de nuestros hijos, pero poco a poco vamos perdiendo los estribos, y cuando así sucede entramos en un circulo vicioso en el que llora el bebé, lloramos los padres (o por lo menos nos ponemos tensos), y entonces nuestros hijos perciben esto y vuelven a llorar; hagan la prueba de intentar consolar a un bebé nerviosos y luego fíjense como si ustedes están calmados los hijos se van acompasando.
Desde niños enseñamos que llorar esta mal, trasmitimos el mensaje terrorífico y enfermizo de que hay que hablar bien, y para hacerlo cortar la emoción que nos acongoja, vamos todo el tiempo interrumpiendo aprendizajes sanos, trocándolos por experiencias que nos convierten a todos en neuróticos graves, donde para pertenecer hay que callarse la boca y seguir para adelante hasta que el cuerpo protesta agónico protesta.
Hace un tiempo empecé a darme cuenta que cuando un bebé o un niño pequeño llora, no solo nos angustiamos por lo que le sucede a él, algo de nuestra historia de niños o bebés se activa con el llanto de nuestros hijos es como si se abriera un portal entre ese hijo y nuestro propio ser hijos “allá y entonces” y desde allí nos angustiamos porque podemos percibir desde nuestra propia historia lo desesperante que fue pedir y que no nos entiendan, sobre todo a nuestras madres, quiénes en la panza nos daban todo sin tener que mostrar necesidades.
Por supuesto que escuchar a bebés llorar todo el día o con mucha frecuencia , va a agotarnos, no seremos malos padres si admitimos que no podemos mas o colapsamos, es un gran desafío mantener allí la calma y hay que estar en esos lugares para opinar y dar consejos, realmente esas situaciones de falta de sueño y de incertidumbre por no saber que les pasa a nuestros hijos son desesperantes y enloquecedoras, sin embargo si podemos entender al llanto como una manera de comunicar que algo sucede, quizás podamos calmarnos un poco y desde ahí consolar a nuestros retoños.
Muchos dicen que los bebés y los pequeños manipulan con el llanto, y hoy les doy la razón, claro que manipulan, pero no lo hacen por maldad sino porque vamos enseñándoles que si quieren algo tienen que ganárselo, portarse bien y satisfacer nuestras miradas adultocentricas, y entonces ¿Cómo no van a llorar? Si solo a partir de ello muchas veces recién les prestamos atención soltando nuestros celulares o todos los interruptores del verdadero contacto.
Quién quiera tener un hijo tiene que saber que este va a llorar, va a pedir, va a necesitar porque eso lo convierte en sano, y si realmente no estamos dispuestos a esto mejor que nos compremos un muñeco o unos robots que, los están haciendo tan tecnológicos que podemos programarlos para que hagan todo lo que necesitamos.
Dejemos de pelearnos con lo que si hacemos silencio y nos escuchamos ya sabemos intuitivamente, aprendamos de a poco a decodificar los mensajes de nuestro niño primero conectándonos con nuestros niño interior y dejemos la ansiedad fuera de casa ¿Cuánto tiempo lleva aprender un nuevo idioma? y ¿Cuánto vamos a seguir insistiendo en que nuestros hijos digan lo que piensan y no lo que sienten?

Mauricio J. Strugo

 

Mauricio J. Strugo